Jon Barredo Cahué

 

Jon Barredo (Bilbao 1950)

 

ELLA AL SOL

 

Desde hace ya tiempo Jon Barredo (Bilbao 1950) mantiene una singular relación con el mar. Al recorrer sus orillas a menudo rescata algunos de los materiales orgánicos devueltos por las olas a la arena, e inspirado por una suerte de afecto, crea para ellos un entorno donde reubicarse y encontrar una nueva identidad.

Su larga investigación sobre el espacio pictórico, la geometría que alberga y lo conforma, y las posibilidades creativas que proporcionan el dibujo y el color, adquieren un ulterior sentido al alojar estos elementos de carácter marino. Algas como el ocle, fragmentos de troncos y ramas, o maderas náuticas lamidas por el mar proyectan ahora su sombra sobre la superficie inventada de un espacio de artificio bidimensional donde surge la lírica.

 

SHE IN THE SUN

 

For some time now Jon Barredo (Bilbao 1950) has stablished a unique relationship with the sea. When crossing its banks, he often rescues some of the organic materials that waves return to sand and inspired by a sort of affection, creates for them an environment where to relocate and find a new identity.

His long research on the pictorial space, the geometry that encloses and shapes it, and the creative possibilities provided by outlines and colour, acquire a further signification when housing these elements of a marine nature. Seaweed like ocle, fragments of logs and twigs, or nautical woods licked by the sea project their shadow on the invented surface of a two-dimensional artificial space where lyric arises.

 

Isabel Bilbao – Mayo/May 2019

 

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EN TRÁNSITO

 

Hace quince años que presenté mi última exposición individual. Desde entonces no he dejado de pintar y he estado presente en numerosas muestras colectivas y eventos.

En aquel momento quería confrontar en la superficie del cuadro la idea del “lugar común del desarraigo”, un concepto de la ética cívica que he trabajado en un intento de entender la inclusión de un extraño en un contexto determinado, utilizando para ello el plano pictórico como un espacio de experimentación que me permitiera valorar un posible paralelismo con lo social y plantearme un posible diálogo entre ellos.

Preocupado por el discurso tuve la sensación de que descuidaba valores propios de la pintura. Por ello pretendo ahora realizar un ejercicio de integración plástica en el que las sombras de los objetos encontrados y colocados en el cuadro continúan teniendo importancia en el proceso y el color, como elemento aglutinador, adquiere un mayor protagonismo. En esta exposición muestro ese recorrido, un antes y un ahora en mi trabajo, estoy en tránsito.

 

IN TRANSIT  

 

Fifteen years ago I presented my last solo exhibition. Since then I have not stopped painting and I’ve taken part in numerous group shows and events.

At that time I wanted to confront the idea of ​​the “common place of uprooting” on the surface of the painting. A concept of civic ethics in which I was working, in an attempt to understand the inclusion of a stranger in a given context, as using the pictorial plane as a space of experimentation would allow me to assess a possible parallelism with the social context and pose a possible dialogue between them.

Concerned about the speech, I had the feeling that I was neglecting values ​​proper to painting. For this reason I now intend to carry out an exercise of plastic integration in which the shadows of the objects found and placed in the painting continue to have importance in the process and the colour, as a unifying element, acquires a greater prominence. In this exhibition I show that route, a before and a now in my work, I am in transit.

 

Jon Barredo – Octubre/October 2018

 

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PINTURA DEL DESARRAIGO

 

La presencia de un objeto desarraigado delante del cuadro es el comienzo de un diálogo difícil. La forma tridimensional junto a la ficción espacial. El objeto desarraigado pero impregnado de carga significante, frente a la superficie pintada.

Para la realización de la obra es necesaria esa contradicción, después es preciso recorrer el camino que conduce a atenuarla o resolverla; llevarla a una situación en la cual se transforma en equilibrio estético, en convivencia de las diferentes unidades. Se propone, por tanto, un espacio para que coexistan elementos diversos, algunos desarraigados, entendiendo el desarraigo no como ruptura o arrancamiento sino como una situación que se produce más allá y por encima de los particulares imperativos que plantea la pertenencia individual. Lo distintivo y singular estaría dirigido, en esta situación, a una puesta en común con el diferente, no a crear distancia ni a establecer preeminencia. Afirmar y anteponer los derechos y atributos propios niega la existencia de un espacio compartido.

Se configura así un lugar común para el desarraigo… Objetos buscados y sacados de su espacio normal o natural. Elementos vegetales que, arrancados del suelo, fraccionados, arrastrados al mar, trabajados por éste y devueltos a la arena, han perdido, por tanto, su condición primigenia, produciéndose así un cambio en la función y el sentido que les son propios. La pintura de fondo que aparece como escenario o receptor de los diversos elementos e interactúa con ellos, es soporte para la comunicación de los mismos y, a la vez, metáfora espacial; no representación de lo natural. El marco participa del cuadro, pierde su condición normal de protección, remate, embellecedor o adorno.

Afirmar la propia identidad para entender y respetar a los demás, amansarse, reflejarse en, ceder protagonismo, penetrar la identidad del otro, vincularse, compartir, proyectarse en, rozarse, relacionarse son requisitos para la construcción del cuadro como un lugar común del desarraigo.

Los diversos elementos que configuran el cuadro se encuentran como iguales, se unen, se proyectan unos sobre otros, dialogan… El objeto final, la obra o cuadro, se configura como un sistema estable de relaciones donde fluyen pluralidad y convivencia. La sombra, como sucede en la metáfora de la caverna platónica, produce un relato del objeto, si bien, en este caso, actúa integrando el objeto en vez de identificar, relatar o suplir la forma tridimensional. La luz es, así mismo, atrapada, e incluso la posición de los puntos de luz que describen la escena se hacen virtualmente presentes.

Al espectador le resta concluir la obra en el momento de su lectura. El equilibrio, el sosiego, surgen de esta contemplación activa si el artista ha acertado en la plasmación de la idea, pudiendo convertirse entonces en una experiencia significativa.

 

PAINTING OF DISROOT

 

The presence of a rootless object in front of the painting is the specific point where a difficult dialogue commences. The 3-D shape together with the spatial fiction. The rootless object that is nevertheless impregnated with a significant charge, as against the painted surface.

This contradiction is necessary to undertake this work – afterwards one must lead one’s steps to the path that enables attenuation or the solution of the same; in order to convey it to a situation where it becomes aesthetic and balanced, in coexistence with the different units. Therefore, the proposal is a space where various elements may coexist, some of them rootless, understanding rootlessness, not as a rupture or uprooting, but rather as a situation that takes place beyond and over the imperative specific issues posed by individual ownership.  In this situation, what is distinctive and singular would be addressed to a common ground, shared with the divergent issues, not creating a distance or establishing pre-eminence. By affirming and placing one’s rights and attributes in the foreground, what one attains is the denial of a shared space.

Thus, a common meeting place of disroot is configured, according to the conceptual expression pertaining to civil ethics, for which plastic expression and dimension is sought here. Objects that are sought and drawn from their normal or natural environment. Plants that have been removed from the ground, fractioned, dragged along to the sea, tossed and turned by the same and returned to the sand, have, therefore, lost their original condition, thus entailing a change in function and sense pertaining to the same. The background paint that appears as the scenario or receiver of the various elements and which interacts with the same, is the support on which they communicate and, at the same time, a spatial metaphor, not the representation of what is natural. The frame participates in the painting, loses its normal condition as protector, finish, embellishing finish or ornament.

Affirming one’s own identity to understand and respect that of others, taming oneself, reflecting oneself on, stand aside, penetrating in the other’s identity, associating oneself, sharing, projecting oneself in, rubbing against, and relating oneself to, are requirements for the construction of a painting such as a “common meeting place for rootlessness”

The various elements that configure the painting -the units pertaining to the combination of materials- are equal, join together, project themselves over others, dialogue, and generate a different unit that is above and beyond its own personality. The final object, the work of art, or painting, is configured as a stable system of relationships where plurality and coexistence flow. Shadows, as is the case in the metaphor of the platonic cavern, tell the tale of the object, albeit in this case they act integrating the object instead of simply conveying an image that identifies, singularises, relates or replaces the 3-D shape. Light is also trapped, and even the position of the lighting points that describe the scene become virtually present.

The spectator is left to conclude the work when visualising the same. Equilibrium and composure should stem from active contemplation if the artist has succeeded in rendering the idea, which would then become a meaningful experience.

 

Jon Barredo . Abril /April 2003

 

2019 JON BARREDO – Curriculum